Payaso Bailarín

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La atención médica, el bienestar y la seguridad son ahora prioridades para los beliceños.  A través de los medios de comunicación social, se puede escuchar a los padres expresando sus preocupaciones sobre la apertura de las escuelas y el inicio del nuevo año escolar.  Los padres no quieren que sus hijos se atrasen, pero están preocupados por los retos que traerá la nueva normalidad y temen que los preparativos no sean los ideales para el regreso a la escuela.  En lugares como San Pedro, Caye Caulker y Placencia los temores van más allá de la preparación de las instalaciones de la escuela.  Estos lugares se ven particularmente afectados por el cierre total de la industria turística.

Los beliceños aquí están enfrentando problemas más urgentes como el desempleo, el hambre y la falta de vivienda.  Las perspectivas de regreso a la escuela son sombrías.  No hay dinero para comprar libros y lápices ni incluso uniformes y cuotas escolares.  Cada centavo se gasta cuidadosamente a veces en una sola comida para todo el día.  Las escuelas están siendo presionadas para que se conformen con los escasos fondos que se les asignan para los nuevos protocolos de salud, y dependen de gran medida en los padres para compensar la diferencia en un momento en el que simplemente no hay dinero para hacerlo.

Estos paraísos turísticos son particularmente vulnerables a COVID-19 porque una vez que el aeropuerto internacional abre sus puertas, es donde acuden la mayoría de los turistas.  A San Pedro, por ejemplo, se le han prometido nuevos salones de clase en las últimas tres elecciones generales y las últimas cuatro municipales.  Estas promesas han sido expresadas por los alcaldes, el representante electo de la zona y el ahora Primer Ministro.  En más de una década ninguna se ha materializado.  La crisis financiera ha obligado a muchos a renunciar a las escuelas privadas más caras y ahora las escuelas financiadas por el gobierno están todavía más congestionadas y están rechazando estudiantes por falta de espacio.

Los destinos turísticos están más expuestos al contagio de COVID-19 y los servicios de salud allí deben estar especialmente preparados para hacer frente a un brote.  Sin embargo, el UDP ha ideado un plan diferente.  Han aprobado la construcción de una nueva policlínica para Belmopan.  Aún no hay ningún plan para un hospital para San Pedro, donde las emergencias deben ser transportadas por aire a la ciudad de Belice a un costo asombroso.

El UDP continúa gastando dinero en el camino al Caracol, negándose obstinadamente a redirigir el dinero a la asistencia sanitaria, el bienestar o la educación en esta crisis.  El NHI está colapsando debido a la falta de ingresos, pero el Ministerio de Salud continúa construyendo policlínicas donde se necesitan hospitales y ninguno donde se necesitan desesperadamente.

El Ministro de Salud, después de doce largos años, no ha aprendido aún que un edificio no hace una policlínica ni un hospital. Después de gastar cerca de $1M en un quirófano en Corozal, ahora se utiliza como almacén porque no hay equipo de cirujanos, ni material y equipo quirúrgico. Las cirugías grandes y pequeñas aún deben ser referidas al Hospital Regional del Norte. El país está lleno de edificios coloridos que dicen ser policlínicas pero donde a menudo hay escasez de materiales básicos, medicamentos y personal. Los proyectos de infraestructura siguen siendo la vaca lechera del UDP, la inversión está en edificios porque es más fácil desviar los fondos de estos que el invertir significativamente en el bienestar de las personas.

El Banco Mundial ha reportado que casi un tercio del dinero se pierde por la corrupción en todo el mundo, Belice ciertamente no es la excepción bajo el UDP. De hecho, al igual que durante el auge de Petro Caribe, debemos exigir una cuenta adecuada de los fondos gastados y prestados. Es una burla a la buena gente de Belice la pretensión de construir policlínicas que quedarán vacías, mientras que en otras partes del país la gente ha muerto esperando ser llevada a la ciudad. Un edificio no es un  hospital, un payaso bailarín no es un Ministro de Salud.