¡Chau, Chau Felicia!

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La final, en una ronda de despedidas casi interminable se ha dado.  Finalmente, la Cámara se disolverá pronto e iremos a las urnas.  Estamos seguros de que muchos echarán de menos los privilegios y los extravagantes estilos de vida que disfrutan.  Los beliceños, sin embargo, no derramarán una sola lágrima al ver que muchos se van y se irán para siempre.  En particular, no echarán de menos a la autoproclamada primera dama de Belice.  Como nación de la Mancomunidad, el Jefe de Estado es su Majestad la reina Isabel.  Su representante es el Gobernador General de Belice y la primera dama es Lady Norma Young, su esposa.  En Inglaterra, la esposa del Primer Ministro nunca puede ser llamada la Primera Dama, es considerado grosero y una violación del protocolo.  Del mismo modo, en Belice la Sra. Barrow es la Enviada especial para las mujeres y los niños, cuando se le digna recordar, y la esposa del Primer Ministro.

La Sra. Barrow ha tratado de valerse de su ascenso en la Alta Sociedad de Belice en diferentes momentos para hacer una carrera en ciernes como modelo, como viajera glamurosa de renombre mundial e incluso finge ser una filántropa.  No ha hecho nada de esto en beneficio de nuestras mujeres y niños ni por amor a Belice.  Quizás el detalle más importante es que los beliceños han pagado el alto precio de las aspiraciones superficiales de alguien empecinada en subir la escala social internacional.  Se dice que “el diablo lleva Prada”, pero en ocasiones también le gustan los pañuelos de Hermès, los bolsos Birkin, los relojes Cartier, los anillos de diamantes y esos codiciados zapatos de fondo rojo.

Metió las manos en las arcas de la BTB para pagar 100.000 dólares por una difusión en Harper’s Bazaar, una publicación que tiene como objetivo el Oriente Medio y que sólo publica 10.000 ejemplares.  Les costó a los contribuyentes beliceños y especialmente a aquellos involucrados en la ahora muy golpeada industria del turismo muchísimo dinero.  La esposa del Primer Ministro también gastó miles en un viaje de recaudación de fondos a Dubái.  Nos dijeron que se creó un fideicomiso para recibir esos fondos, no nos dieron detalles de cuánto dinero costó esa extravagante visita ni la cantidad de donaciones recibidas en el fideicomiso.  Ha sido un ejercicio inútil pedir públicamente una auditoría y la divulgación pública de las finanzas de las organizaciones filantrópicas que la Sra. Barrow dirige o a las que está afiliada.  Esas organizaciones son, la Lifeline Foundation, el Inspiration Centre y las secciones de cuidados intensivos pediátricos y neonatales del Karl Heusner Memorial Hospital, y los fondos se recaudaron alegando que los beneficiarios de esos fondos serían mujeres y niños de Belice.  La Sra. Barrow también participó en la organización de dos manifestaciones de veinte mil mujeres, cada una de las cuales costó a los contribuyentes de esta nación cerca de seiscientos mil dólares.  Esto no tiene en cuenta el coste de las horas de trabajo perdidas de los funcionarios públicos obligados a asistir al frívolo asunto.

La Sra. Barrow en su último adiós a la nación pareció emular a Evita Perón, pero a diferencia de Argentina… Belice no llorará por Kim.  Los bolsos Birkin que ella colecciona en promedio cuestan alrededor de 250 mil dólares. Suponiendo que no gaste un solo centavo rojo, le tomaría a un campesino beliceño que trabaja por el salario mínimo un poco más de treinta y dos años para ganar el dinero que cuesta un bolso.  Los $600k usados para reforzar las necesidades superficiales de un ego súper inflamado podrían alimentar a muchas familias hambrientas necesitadas.

Kim siempre ha sido para Kim, nunca para las mujeres y niños más vulnerables que ha pretendido cuidar y en cuyo nombre ha recaudado millones.  Casi trece años después, la vida y las condiciones de vida de los niños de Belice en particular son peores, no mejores.  Las mujeres son asesinadas y muchas han desaparecido sin dejar rastro, pero la Enviada Especial no levantó la voz ni utilizó su considerable influencia para hablar en nombre de los que no tienen voz.  En lugar de ello, siguió recaudando dinero utilizando las condiciones de vida inhumanas, la violencia y la pobreza que la administración de su propio marido les obligaba a sufrir.  Éste es el amargo final, y en respuesta a la despedida respondemos… ¡chao, Felicia, chao!