VICTORIA

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Como ha sido prometido por el pueblo de Belice desde hace mucho tiempo, el Partido Unido Demócrata fue expulsado de la oficina el miércoles 11 de noviembre, un día que pasará a la historia. Es una rotunda victoria para el Partido Unido del Pueblo que logró ganar 26 de los 31 escaños. Pero más que eso, es una victoria para el pueblo de Belice que estaba cansado del hedor de la corrupción que seguía al UDP.

El legado dejado por Dean Barrow contaminará a la UDP por muchos años. El hombre que se jactaba de blandir un machete de dos filos con el que acabaría con la corrupción de su partido pasó a presidir doce años de corrupción desenfrenada. El hombre que afirmó que nunca se consentiría movidas chuecas puso a su hijo no-cualificado al frente de BTL, en términos que lo hicieron millonario casi de la noche a la mañana, y eso no tiene en cuenta la adjudicación del contrato de 500 millones de dólares del Boledo. Barrow, el santo autoproclamado, también se aseguró de que los miembros de su familia se beneficiaran majestuosamente de los fondos públicos, incluso cuando él afirmaba una y otra vez ser el bastión de integridad. La derrota del UDP en las urnas no es tanto un reflejo de la inmadurez, debilidad y estupidez de Patrick Faber, sino más bien el resultado de los 12 años del reinado de Barrow de corrupción, incompetencia, arrogancia y codicia.

Por más brillante y sorprendente que se creyera, Barrow destruyó el UDP que tanto decía amar, por sus acciones y también por su inacción frente a la escandalosa criminalidad y la corrupción. Ninguna administración en la historia política de nuestro país ha estado tan plagada de tan apestosa avaricia, nepotismo, engaño y enriquecimiento injusto. Desde Penner, a quien Barrow, el gran fanfarrón pontificador declaró culpable de hecho, pero no de derecho, hasta el absurdo Castro, a quien Barrow dijo que era desagradable, pero no corrupto. Barrow, quizás atrapado en la red de su propia creación, determinado por el enriquecimiento de su propia familia, no podía hacer nada mientras los ministros se alimentaban del bebedero público como glotones hambrientos. Imagínese, un reparador de mesas de billar convertido en multimillonario que fue acusado, con pruebas, de desviar fondos del gobierno a una cuenta que él controlaba – y Barrow no hizo nada.

Fue la injusticia de Barrow, Faber y la UDP que los acabo. La gente de Belice se cansó de ver como los ministros del UDP y sus compinches y amigos y familiares se hicieron asquerosamente ricos, mientras el país seguía siendo pobre. Cientos y cientos de millones despilfarrados, y al final de doce años más beliceños eran pobres. La gente se cansó de ver como unos pocos selectos tenían acceso a todas las oportunidades. Nos cansamos de ver a los UDPs violando la ley con impunidad, y gastando nuestro dinero sin supervisión. Nos cansamos de ver a los UDP comportarse como si fueran un poder irracional, incluso desafiando las órdenes de la Corte. Nos cansamos de la corrupción desenfrenada, de la manipulación y el abuso y las violaciones, todo justificado por Barrow con la elocuencia que lo caracteriza, pero tan sustancial como aquello que se encuentra en los retretes comunales.

Hoy, iniciamos una nueva era de la política beliceña, y damos la bienvenida a un Primer Ministro que hace historia por ser de fuera de la ciudad de Belice. Hay mucho trabajo para hacer, pero el equipo liderado por nuestro Primer Ministro, el Honorable John Briceño está a la altura. Esto no es un negocio como de costumbre. Esto no es política como de costumbre. No habrá tolerancia a la corrupción, y habrá integridad, contabilidad y supervisión. Hay un plan para la revitalización estructurada de la economía y un plan para combatir la pandemia que nos ha abatido.

Éste es el Partido Unido del Pueblo – un partido del pueblo, destinado a servir al pueblo y a la nación de Belice. ¡Cómo está dicho, así se hará!