Lágrimas de Cocodrilo

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Esta semana hemos sido testigos del nombramiento de varias personas reconocidas por sus contribuciones a la sociedad y al desarrollo de Belice. Estas personas fueron nominadas en algún momento del año pasado y antes de las últimas elecciones, algunas de ellas son cuestionables en el mejor de los casos.  Belice firmó la Convención de los Derechos del Niño el 1 de marzo de 1990, pero casi treinta y un años después nada ha cambiado en el Albergue Juvenil Princess Royal.  Irónicamente, al mismo tiempo que Judith Alpuche, ex CEO del Ministerio de Desarrollo Humano, Transformación Social y Alivio de la Pobreza fue nombrada Miembro Ordinario del Imperio Británico (MBE), descubrimos las condiciones inhumanas en las que los niños están actualmente obligados a vivir en el albergue.  Sin embargo, es precisamente por su trabajo y sus contribuciones en el trabajo social y al servicio público que ha sido reconocida.  Las condiciones miserables de los terrenos llenos de basura dan un avance de las condiciones aún peores del interior.  Las instalaciones están deterioradas y se parecen más a las celdas de una prisión que a un centro de rehabilitación para jóvenes con problemas.  De hecho, así es precisamente como se les obliga a vivir tras las rejas como criminales empedernidos más allá de la redención.

En noviembre de 2015, en el cuarto día de los 16 días de Activismo contra la Violencia de Género hubo un incendio en el albergue.  Tres niñas perecieron juntas en un incendio.  Se llamaban Anna, Elizabeth y Shadisha.  Estas niñas murieron de forma violenta en un lugar que debería haber sido su santuario.  Hubo una investigación del forense, y disciplina administrativa.  El informe nunca se hizo público y los responsables nunca se responsabilizaron de sus acciones y su negligencia.  Fue Judith Alpuche quien nos dijo que la experiencia serviría para que las condiciones que llevaron al horrible incidente no volvieran a ocurrir.  Han pasado más de cinco años desde que Belice presenció con horror como el edificio donde estaban estas niñas, fue envuelto en llamas.  Hasta hace poco, la Sra. Alpuche seguía siendo la CEO del Ministerio y bajo su supervisión nuestras niñas murieron.  Para colmo de males, las condiciones en el albergue no cambiaron, siguieron siendo exactamente las mismas.

En virtud de la Convención, se garantiza a los niños el derecho a la vida, la supervivencia y el desarrollo, la no discriminación y la dedicación al mejor interés del niño.  La abominación que es el albergue en su estado actual viola todos los principios fundamentales de los derechos de los niños.  Es inconcebible que la ex CEO bajo cuya vigilancia murieron tres niñas en un incendio y que no hizo nada para cambiar la podredumbre sistémica que impregna todos los rincones de esa institución reciba ahora reconocimiento y premio.  Sin embargo, no sólo la inepta ex CEO de lágrimas de cocodrilo es la responsable.  La última administración gastó millones en carreteras sobrevaloradas y de mala calidad.  También se gastaron millones en instalaciones deportivas, en el famoso pibil, y por supuesto en litigios infructuosos.  Cuando decimos que en el pasado no se invirtió lo suficiente en la gente, este es un ejemplo claro.  Es fácil descartar a las jóvenes como problemáticas, enojadas y fuera de control, pero como pupilas están bajo la protección y el cuidado del Estado.  Se les coloca en el sistema para su rehabilitación, no para su encarcelamiento.

Los ministros jubilados que viven en las mansiones de las colinas, o en sus lujosas granjas desarrolladas con equipos de propiedad pública nunca se han preocupado por estas niñas ni de las condiciones en las que se ven obligadas a vivir.  Algunos exministros tuvieron que meter su dinero en sus calcetines porque sus bolsillos estaban muy llenos, mientras estos niños están encerrados tras las rejas en cuartos destartalados y llenos de basura con apenas lo suficiente para comer.  Sabemos que los Honorables Dolores y Gilroy no descansarán hasta que la podredumbre sea erradicada y el albergue se convierta en el refugio que debería ser para las chicas y chicos.